Fórmula 1 y España

Es un hecho que la Fórmula 1 se esta alejando lentamente de Europa. Las condiciones económicas ha cambiado de signo y Bernie Ecclestone busca la supervivencia de la exclusividad en su negocio en países nuevos, capaces de sentirse empatados por el espectacular envoltorio de la F-1. En ese trance, con la crisis golpeando a cinco millones de parados y sin la euforia del pasado respecto a Alonso y su Renault, España se encuentra en una encrucijada: Valencia o Barcelona.

Sin prioridad presupuestaria para la Fórmula 1, con otros problemas sociales más acuciantes, el hecho de albergar un gran premio cada año en una comunidad distinta podría significar la conservación de ambas, todo es  cuestión de voluntad y de aparcar el orgullo.

Montmeló tiene de su lado la tradición en la Fórmula 1 y la unanimidad de la población. No hay voces discordantes respecto a la celebración de las carreras. Su defecto son unos accesos colapsados en los días de máxima afluencia y un circuito aburrido donde nunca pasa nada. Pagó 13 millones en 2011, pero el canon sube cada año.

Valencia tiene de su parte la versión moderna de la F-1. El puerto, las imágenes de los yates y el mar al pasar los coches, el gusto por los trazados urbanos y la comodidad de un circuito incrustado en el corazón de una ciudad, lo que facilita los accesos y la implicación de sus vecinos. En contra refleja la contestación política al coste de la F-1 para la comunidad y una tesorería siempre al borde de los números rojos. Valencia paga 21 millones al año.

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