Curiosidades sobre Turkmenistán

Si te preguntásemos por un país exótico en el mundo, seguramente te vendrían a la cabeza muchos nombres remotos y pequeñas naciones enclavadas en islas. Pero estamos seguros que pocos responderían a esta pregunta con el nombre de Turkmenistán.

Este país que se independizó de la Unión Soviética en 1991 tiene todas las características de una nación próspera y moderna del Siglo XXI, pero eso claramente sería una de las caras de este país asiático. La otra cara, está compuesta por sus excentricidades, curiosidades (principalmente llevadas a cabo por sus únicos dos presidentes que Turkmenistán tuvo en sus 30 años de existencia) y también por ser un país muy rico… pero solamente para unos pocos.

Como te contamos recién, Turkmenistán ha tenido tan solo dos presidentes desde su independencia en el año 1991. El actual mandatario, GurbangulíBerdimuhamédov, mantiene un control férreo sobre la población, al igual que su antecesor, SaparmyratNiyázov.

El primer dato curioso que te acercaremos es el de que, en Asjabad, su capital viven aproximadamente un millón de personas. Pero, así y todo, en determinados barrios de esta ciudad, la población apenas se deja ver y parece una verdadera ciudad fantasma. ¿La razón? Según Berdimuhamédov, su líder, la presencia de la población “estropea” la perfección construida de la ciudad. Es por ello que también es conocida por los disidentes al régimen como la “ciudad de los muertos”.

Al igual que su predecesor Niyázov, Berdimuhamédov llegó al poder de Turkmenistán para quedarse (ya está desde 2007) y también en consonancia con Niyázov, tiene un alto gusto por promover el culto por sí mismo. A su llegada, hizo construir un nuevo palacio presidencial, y para llevarlo a cabo destruyó decenas de viviendas y hasta acaparó una avenida entera para su uso personal.

Incluso, a lo largo de su bulevar, está prohibido abrir las ventanas ni instalar aires acondicionados o antenas parabólicas. La imagen impoluta del palacio y fundamentalmente del país en su conjunto, es una obsesión que Berdimuhamédov persigue a toda costa, y con los sacrificios que sean necesarios realizar.

Otra curiosidad que encierra a Turkmenistán es que muchos de sus edificios no tienen una función específica ni tampoco son adecuados para las necesidades del país. Por ejemplo, su aeropuerto, está diseñado para atender a 1600 pasajeros por hora, pero debido a lo complejo que es conseguir el visado necesario para visitar Turkmenistán (hasta incluso tan complicado como poder ir Corea del Norte), este aeropuerto no opera habitualmente ni con el 10% de sus capacidades.

Si de excentricidades hablamos, para construir esta monstruosidad aeroportuaria, se tuvo que derribar por completo el pueblo de Choganly y a pesar de ser denunciado por la Amnistía Internacional el traslado forzoso de casi 50 mil personas, la obra arquitectónica fue llevada a cabo. ¿El motivo? Al presidente no le gustaba que los pocos extranjeros que visitaran Turkmenistán viesen a través de sus ventanillas del avión un pueblo normal y corriente. Una locura.

Pero si locuras o más bien injusticias hablamos, tenemos que considerar que Turkmenistán es un país muy rico, pero solo para unos pocos privilegiados. Mayoritariamente musulmán, este territorio posee la cuarta mayor reserva de gas del mundo. Así como también de petróleo. Y es un gran productor de trigo y algodón.

Unas muy pocas familias controlan esta riqueza natural del país y el desempleo, según los disidentes al régimen, alcanza al 60% de la población. Aunque eso sí, su líder, quien se hace llamar a sí mismo “Estimado Presidente”, tiene una generosa actitud para con sus conciudadanos y les subvenciona el gas y la electricidad. Como si eso alcanzara para que los turkmenos fuesen un poco menos pobres y pudiesen vivir mejor.

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