Ilusiones Ópticas Y Reacciones Corporales

Dentro de las imágenes conocidas como ilusiones ópticas, se encuentran aquéllas que al verlas producen la percepción de movimiento.

Aunque antes se pensaba que este tipo de imágenes estimulaban la imaginación, un proceso mental superior, ahora se sabe que lo que en realidad estimulan es la corteza visual, que es el área del cerebro donde se procesa el movimiento físico que ocurre en la realidad. Así que, por ejemplo, cierta configuración de círculos concéntricos producen la ilusión de movimiento al mirarlos fijamente; pero este movimiento no se imagina, sino que la composición de la imagen por sí misma es capaz de generar una actividad cerebral en la corteza visual.

Una vez más podemos notar que el cerebro no distingue entre lo que percibe y la realidad. Volviendo al ejemplo anterior, algunas personas experimentan mareo al notar las rotaciones ahí donde en realidad solo hay una imagen totalmente estática y sobreviene el mareo, lo cual es una reacción natural del cuerpo ante una alucinación. El cerebro “produce” la náusea y el vómito cuando percibe estímulos distorsionados, pues responde como si se hubiera intoxicado con alguna sustancia que lo está haciendo alucinar, y por ello manda la señal de expulsar del cuerpo aquello que lo está “dañando”.

Lo mismo ocurre cuando ingerimos drogas, o viajamos en autobús por la carretera. Las imágenes que alcanzamos a percibir por las ventanas llegan distorsionadas por la velocidad, y por tanto el cerebro reacciona del  mismo modo que en el ejemplo anterior, con náusea y vómito.

El hecho de que el cerebro no distinga entre lo que percibe y lo que es real, así como tampoco distingue entre lo que vive y lo que recuerda, además de darnos datos interesantes sobre el funcionamiento de nuestro cerebro, tiene implicaciones psicológicas importantes.

Se sabe que las personas con tendencias neuróticas se han quedado “fijadas” en una imagen pasada (acompañada tal vez por recuerdos de índole auditiva y quinestésica), la cual irrumpe constantemente en sus pensamientos durante el transcurso del día, y ese solo recuerdo desencadena reacciones corporales y emociones desagradables y dañinas para la salud general, puesto que el cerebro no reconoce que está recordando y en vez de ello pareciera que literalmente revive -y experimenta- el contenido de esa imagen que ha “congelado”, con la  misma intensidad una y otra vez.

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