El marisco, rey de la navidad

Cuando se habla de comidas y cenas con motivo de las celebraciones de Navidad, a todo el mundo seguro que se le viene a la mente una familia de productos que están en todas las mesas en mayor o menor medida: el marisco.

 Aunque sean unos simples langostinos congelados o se llegue al punto de colocar una gran langosta en el centro, coronan los entrantes con los que se recibe a los invitados al banquete. Sea como sea, es recomendable tener algunos aspectos en cuenta para garantizar la buena calidad de estos productos y conseguirlos al mejor precio, en vista de el importante aumento de gasto que se produce durante estas fechas.

 Es aconsejable realizar las compras con suficiente antelación. Si compramos el marisco un mes antes y lo congelamos en casa podremos ahorrar casi la mitad de lo que nos costaría comprarlo unos días antes, especialmente en el caso de los mariscos más caros. También podríamos comprarlos ya congelados desde el origen y nos resultarán aún más económicos. En los supermercados se está dando la tendencia cada vez más extendida de ofrecer alimentos congelados a un precio menor que si los adquirimos frescos, ya que al conservarlos congelados se reducen los costes que suponen su producción al tener una caducidad mucho mayor.

Si finalmente nos decidimos por comprar los productos frescos, y en especial en el tema de los mariscos, debemos asegurarnos de que están en buenas condiciones. Si tenemos alguna duda sobre la frescura del marisco que hay en el mostrador, mejor es que no nos lo llevemos a casa a que tengamos que lamentar alguna intoxicación por consumir marisco pasado.

Algunos aspectos que nos indican que el marisco es o no fresco es el olor. Si tiene un ligero olor a amoniaco o vemos pequeñas manchas negras, más vale que lo dejemos donde está.

Marisco, rey de la Navidad

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