Un Barco Fantasma llega a Canadá

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Hace poco más de un año y como todos sabemos, un terremoto de gran magnitud sacudió Japón. La fuerza del seísmo (9.00 en la escala Richter) provocó daños materiales incalculables, pero sobre todo pérdidas humanas y una situación de catástrofe que obtuvo repercusión y solidaridad mundial. Tras doce meses y diez días, un barco pesquero japonés, vacío y a la deriva, ha aparecido en las costas de Canadá recordando aquella terrible catástrofe natural.

No sólo por razones solidarias, sino también por motivos de interés propio, muchos países siguieron durante las primeras horas las evoluciones de las previsibles olas que viajarían por el mar a partir del principal temblor. En las costas de Japón se registraron olas de hasta 40 metros de altura. Países como Indonesia o EEUU sufrieron las consecuencias del desastre, y otros muchos se vieron afectados por el seísmo que se originó en el mar, junto al litoral pacífico de Honshu, la principal de las islas de Japón.

Si hubiera sido posible beneficiarse de la energía del terremoto de Japón en vez de tener que sufrir sus consecuencias, se habría obtenido un volumen de energía lo bastante grande como para abastecer, a lo largo de todo un año, una ciudad como Los Ángeles. Por desgracia, esto está muy lejos de poder realizarse. Además de la catástrofe humana y económica, el terremoto tuvo otras consecuencias. En una situación de este tipo, instalaciones como las nucleares son susceptibles de sufrir peligrosas consecuencias. Tal fue el caso de la Central Nuclear de Fukushima, que generó una alarma sobreañadida a la que había provocado el violento temblor.

Además, 4 millones de toneladas de escombros acabaron en las aguas del mar, desperdigándose en la inmensidad del océano junto con barcos de todas clases, entre ellos el pesquero fantasma que ha derivado sin tripulación durante más de un año por las aguas del Pacífico.

Un avión de reconocimiento lo detectó el pasado 20 de marzo, y las posteriores indagaciones determinaron que está completamente vacío. Nadie sabe qué hacer con él. De momento, la Guardia Costera canadiense trata de que el descontrolado pesquero no interfiera en el tráfico marítimo.

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