Una culpa compartida

Cuando el año 2007 llegaba a su final, no solo acababa el séptimo año del nuevo milenio, terminaba también con él, una década marcada en lo económico por: bonanza, creación de empresas, flexibilidad y relajación de parámetros en la concesión crediticia, gasto social desmesurado, construcción, infinidad de transacciones económicas diarias, etc. Todo ello quedose en aquel año 2007, a partir de ahí, conocemos como se han ido sucediendo los acontecimientos.

Con una población, la española, acostumbrada a un ritmo o nivel de vida a veces muy por encima de las posibilidades y lo que es peor aún, de las necesidades, sabíamos que el cambio o giro de 180 grados de debía tomar la sociedad, sería drástico y amargo. Atrás quedó una vida cargada de opulencia, en la que el gasto y la no inversión eran la tónica dominante tanto en familias como en organismos públicos, derroche y más derroche que a día de hoy nos hacen estar en la cuerda floja.

Gran parte de culpa se ha atribuido al sistema financiero al completo, no seré yo quien no quiera ver o aceptar las barbaridades cometidas por la banca, una banca que sometía al cliente a la hipnosis permanente traducida en anhelos, los cuales ponía a su alcance como si de un niño y de un caramelo se tratase. De las cláusulas abusivas, de la cantidad de comisiones y gastos cobradas y de la masiva oferta de productos financieros asociados, como seguros o planes de pensiones, para que hablar.

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