127 horas

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Lo peor es ir a ver una película de un director (en este caso Danny Boyle) esperando ver algo parecido a la película anterior (en este caso Slumdog Millonaire) No en cuanto al tema, ni siquiera estilo… Si no en cuanto a lo que te aporta o te soprende.

Mira que me esforcé por no leer nada de esta historia. Mira que, sabiendo todo el mundo cómo acababa por estar basada en una historía real, yo me puse a verla sin tener ni idea. Y aún así, dudando sobre el final de la misma, manteniendo la intriga sobre si sobrevivía o no, lo único que esperaba es que se acabara de una vez. ¡Qué aburrimiento!

127 horas es el tiempo que yo pensaba que llevaba viendo a ese pobre James Franco atrapado en la grieta, mientras forzaba humor ante la cámara en la que dejaba mensajes para sus padres, mientras recordaba la ruptura con su novia, mientras se imaginaba una botella de aquarius en un coche que había dejado en algún lugar lejano. Forzando flashbacks e imágenes que poco aportan y que sacan de la historia, como la del pájaro que pasa religiosamente a la misma hora por encima de su cabeza, todo con el objetivo de darle dramatismo a una historia que ya lo es en si misma pero que en la pantalla no es capaz de llegar a nadie. Que en vez de ver una lección de supervivencia y una lucha incansable por sobrevivir a lo que es absolutamente desesperante, veo un quiero y no puedo enseñar el morbo de una situación que resulta insólita y 3 minutos de sangre de lo más desagradable en la que se amputa un brazo (y es la parte más entretenida…)

Lo más significativo, creo, es la ausencia de silencio. Ni en la noche soy capaz de sentir la soledad del hombre atrapado ni el frio que debe estar pasando, a pesar de que se empeña en ponerse papeles en la cabeza para estar “mucho mejor”.

Lo único bueno que puedo decir es que casi me alegro de no creermela. Porque la historia real es una auténtica agonía, y tampoco hay necesidad de sufrir viendo películas.

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