Bon appétit

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Todas las mañanas paso por delante de un gran cartel de esta película, con un Unax Ugalde que no me había interesado en absoluto desde que ví “Baílame el agua” pero que, al verlo ahí con un fondo un poco de telediario de Zurich, y con esos ojitos de enamorado mirando a Nora Tschirner me hacía plantearme la posibilidad de ver esta película, a pesar de mi irracional manía a cualquiera en la que la cocina sea el eje por el que se mueve el argumento (excepto Ratatouille, por supuesto)

Total, que me re-enamoré del actor vasco y dije: “pues venga, vamos a ver qué tal…” Y me encontré un sábado frío de noviembre viéndola… Y oye, que no está mal… Por supuesto no esperaba ver una película no comercial o en la que no se pecara en algún momento de usar en exceso lo más típico… Pero tenía su cosa… Por ejemplo, no sé si esto será bueno o no, pero por primera vez ví una película en el que un fundido a negro tenía realmente sentido y no era sólo un cutre recurso para cambiar de espacio o tiempo.

Él, jóven cocinero que consigue trabajo en un restaurante importante de Zurich y marcha, dejando una vacía vida detrás, con la idea de triunfar a través de su carrera profesional. Ella, perdida en sus errores encuentra su apoyo en el nuevo de la ciudad… En medio otros personajes que si no estuvieran no pasaría nada pero bueno, tienen que estar para darle sentido a la mayor reflexión que se saca al terminar de ver la cinta: la relatividad del tiempo en función de quien lo vive.

¿Tópicos? Si, como en casi todas las comedias románticas, ese género al que le cuesta tanto encontrar lo que es la originalidad. ¿Grandes actores? No. Pero no dejan de hacer un buen papel, te los crees según en qué momento, que ya es bastante.

Y a destacar la música, que es maravillosa. Hay temas fantásticos como el Hopipolla de Sigur Ros, o este Strange things will happen de The radio dept.

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