Crítica de Brave: aburridísima perfección técnica

Las supuestas novedades se quedan en un guión con más de lo mismo.

La historia es la siguiente. Resulta que una joven princesa escocesa no está dispuesta a casarse con el joven que su madre, por mandato real y orden histórico, pretende. Pero su madre insiste, hasta crear un campeonato en el que los tres hijos de los tres reyes del resto del reino que gobierna el padre de la pelirroja deben competir entre ellos por la mano de su hija. Y ésta pues se enfada. Nada nuevo. Lo que pasa que esta vez si es cierto que en vez de centrarse en la búsqueda de un no-príncipe y volver a una historia tipo Felipe y Letizia, se queda en la independencia de la mujer (y de los jóvenes que deben buscar el amor por si mismos) y se basa en la relación madre-hija.

Después resulta que a través de una bruja, fuegos fatuos y demás inventos medievales consigue un hechizo que transforma a su madre. En qué lo transforma es el giro más inesperado que da la cinta aunque si bien es cierto no sorprende para nada al pensarlo un segundo.

La parte cómica (la más de pixar, las lágrimas siempre vienen de Disney) es los tres hermanos-diablo y el padre borrachín y bonachón que ni se mete ni se deja de meter.

Brave es la película número 13 de Pixar que comenzó sus andaduras con la exitosa e indiscutible Toy Story y se cubrió de gloria con la originalisima Buscando a Nemo, tiene esta vez mucha mano Disney y una serie de diálogos bastante aburridos. Pero bien es cierto que la técnica es de las mejores de todas las cintas. Se notan los avances en tecnología y cómo saben usarlos, incluso el 3D, que yo tanto pongo en duda, es una maravilla en una película en la que te quedas embobado viendo el movimiento del pelo rizados de la protagonista.

Por último la música, de Russian Red, sintiéndolo mucho no aporta nada.

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